Oquedad

Crítica política y debate público en México

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Los límites del poder

Sin los sueños, desteñido campo es el mar

Felipe Calderon inició el encargo de presidir el Gobierno Federal, con una grave lesión de autoridad moral. Tan cuestionada como quedó su legitimidad para ocupar el cargo, le bastó lo que lleva del sexenio para socavar él mismo lo que podía preservarse de respeto a la envestidura presidencial actual: anhelo de legitimidad, por cierto, que tanto desea transmitir e inspirar a través de publicidad oficial, ante la mirada atónita e incrédula de una gran mayoría de ciudadanos mexicanos y del mundo entero.

No es necesario ser un observador atento para notar cómo la situación de México ha sido, cada vez más, el empeño de un individuo —Felipe Calderón— por legitimar su cargo gubernamental. Al no sentir que todos lo miran —lo miramos— como Presidente de México, él se empeña en hacérnoslo notar, a fuerza de desventuras carísimas para toda la nación.  Y en este empeño le ha arrancado a nuestro país muchos sueños, esperanzas y vidas humanas, con la instauración un “combate” frontal al crimen organizado, sin haber calculado un táctica previa, sin realizar labores de inteligencia e investigación, sin ocupar métodos ya probados en distintos lugares del mundo —por ejemplo en la destitución de funcionarios corruptos o el corte al lavado de dinero y al tráfico de armas—.

Delante del enorme descrétido que ha tenido la posición de Felipe Calderón respecto al combate frontal al crimen organizado, en un acto deseperado,  ahora cabildea mediante senadores del PRI y del PAN, lo que puede considerarse el límite máximo del poder —entiéndase aquí “límite” como finitud, no hay un más allá posible— (es de sobra conocido el ejercicio de tal imposición en tiranías, dictaduras y régimenes facistas durante la historia de la humanidad; existen ejemplos muy cercanos en el tiempo, como Chile y Argentina).

Por eso, al imaginar nuestra patria como un Mar abierto a la crueldad trágica y fatídica de la guerra —¿de qué otro modo puede ser interpretada la circulación de la Fuerzas Armadas a lo largo y ancho del territorio nacional?—, sentí tanto estos versos de Guisepe Ungaretti :

Piú non muggisce, non sussurra il mare, il Mare.

Senza i sogni, incolore campo è il mare, il Mare.

Fa pietà anche il mare, il Mare.

Muovono nuvole irriflesse il mare, il Mare.

A fumi tristi cedé il letto il mare, il Mare.

Morto è anche, vedi, il mare, il Mare.

~ ~ ~ ~ ~

Ya no muge, no susurra el mar, el Mar.

Sin los sueños, desteñido campo es el mar, el Mar.

Da lástima también el mar, el Mar.

Nubes sin reflejos mueven el mar, el Mar.

A tristes humos cedió su lecho el mar, el Mar

También está muerto, lo ves, el mar, el Mar.

~ ~ ~ ~ ~

[traducción: Moisés Ladrón de Guevara y Claudia Kerik]

Con frecuencia escucho cómo los “incuestionables atilas discursivos” que acompañan los argumentos del actual Gobierno Federal, solicitan una contrapropuesta que refute la —de por sí estúpida— decisión del combate frontal al crimen:

Hay varias propuestas —mucho más consolidadas e inteligentes,  es decir, por mucho más lógicas y racionales—  que han sido por completo ignoradas y desdeñadas incluso:

  1. Combate a la corrupción a nivel gubernamental: ejecutivo, legislativo y, sobre todo, judicial.
  2. Trabajo de investigación e inteligencia (auxiliados por agencias internacionales e institutos académicos de investigación), para lograr detectar redes de lavado de dinero, tráfico ilegal de armas y tráfico de sustancias narcóticas y estupefacientes.
  3. Sanciones económicas severas a los países fabricantes, distribuidores y traficantes de armas utilizadas por el crimen organizado.
  4. Legislación para el uso legalizado de drogas blandas (tal como sucede en la actualidad con tabaco y alcohol).
  5. Y, quizás la más importante, inversión en ciencia, tecnología, educación pública y cultura…

Yo cuestiono de manera directa a estos “atilas discursivos” sobre el por qué no se discuten medidas semejantes. No es que la sociedad busque dialogar o negociar con el crimen y desertar así del apoyo a las instituciones que nos hemos dado o al Gobierno Federal —según su corta visión del mundo—. Es que el Gobierno ha abandonado a su patria y a sus ciudadanos a su suerte, enceguecido por el hambre de legitimidad.

Por ello cuestiono también al Gobierno Federal directamente: qué hace para lograr, más allá de la economía (fracasada también), que el pensamiento de los jóvenes se recree en la educación para la paz o a través del arte y la cultura. ¿En verdad creen las instancias de Gobierno que el problema se acaba exponiendo todo el potencial bélico en las calles? ¿No es esto un signo inequívoco de desperación y, peor, de mayor violencia en la mente y el corazón del país? ¿En verdad cree Felipe Calderón que puede combatir frontalmente a un enemigo cuya fuerza y dimensión desconoce de manera objetiva?

Sentirse Jefe Máximo de las Fuerzas Armadas y carecer del conocimiento de un principio tan elemental (conocer al enemigo a confrontar), sólo puede darse en un sujeto inescrupuloso, ignorate y estúpido.

Más allá de la necedad, sólo hará quedar al Ejército Mexicano en ridículo de forma permanente. ¿Qué es lo que combaten propiamente? ¿Lo sabe él? ¿Lo sabe el ejército: sus coroneles, mayores, generales y comandantes lo saben? ¿Lo saben los solados rasos? ¿Quién lo sabe, las policías federales preventivas? La respuesta a todas luces es: no. No lo saben. No lo sabe nadie aún, al menos en México. Sólo han dado palos de ciego al mentadísimo avispero, cuya fuerza, incalculada sin duda, ha rebasado al gobierno y al ejército con creces.

El límite del poder es un Estado fallido. Le pese a quien le pese, le duela a quien le duela, nuestro país es hoy tierra de nadie. No hay gobierno que controle nada, todo está desbordado. Y es de esperarse que ante el desgobierno imperante, la sociedad agotada, desesperada y muy, pero muy irritada, comience a organizarse por cuenta propia.

Con todo mi asombro los versos de Ungaretti que proseguían, al avanzar al poema de la página siguiente, son estos:

Ahora que invade las oscurecidas mentes

Más aspera piedad de la sangre y la tierra;

Ahora que nos mide a cada latido

El silencio de tantas muertes injustas,

~

Despierte ahora el ángel del pobre,

sobreviviente gentileza del alma…

~

Con el gesto inextingible de los siglos

Descienda y acudille a su antiguo pueblo,

En medio de las sombras…

~  ~  ~  ~  ~  ~

Ora che invade le oscurte menti

Piú aspra pietà del sangue e della terra,

Ora che ci misura ad ogni palpito

Il silenzio di tante ingiuste morti,

~

Ora si svegli l’angelo del povero,

Gentilezza superstite dell’anima…

~

Col gesto inestinguibile dei secoli

Discenda a capo del suo veccio popolo,

In mezzo alle cumbre…

~

Como complemento, recomiendo ampliamente la lectura dos columnas del investigador John M. Ackerman en el semanario Proceso:

"La paciencia se agota" 
http://www.proceso.com.mx/rv/modHome/detalleExclusiva/90150

"La revolución necesaria" 
http://www.proceso.com.mx/rv/modHome/detalleExclusiva/85707

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